ÉL.
Él podía tenerlo todo. Podía hacer el mundo suyo, formaba parte de ese selecto grupo de personas que, desde lo alto de la escala alimenticia, deciden qué presa van a comerse primero.
La vida le sonríe, la ciudad es suya y no tiene que compartirla con nadie.Nisiquiera tiene amigos ni confía en alguien en especial. Le gusta así, para él... Elige cada mañana con qué coche va a salir a recorrer su vida un día más. No le importa comer en casa o fuera de ella, al fin y al cabo, nadie le espera y no espera a nadie.
Él era y es envidiado. Parece previsible cuáles son sus virtudes y sus defectos, es fácil de juzgar, su apariencia parece delatarle.Un tipo frío y sin sonrisa, fácil de juzgar sí... pero ¿a quién debería importarle ser juzgado cuando puede elegir el cómo, cuándo y dónde de todo lo que le rodea?
ELLA
Ella era peculiar.Era una más por fuera, pero particular en el fondo. No respondía a un patrón de conducta, lo que a veces le generaba problemas. Evitaba el compromiso, quizá por miedo a no saber medir su fuerza. Era tranquila, especialmente tranquila. Eso a veces hacía que la confundiesen con alguien indolente...pero quizá sus emociones eran justamente eso, solo suyas.
Sabía cómo hacer las cosas e intentaba vivir para ella pero por los demás. Para cualquiera sería difícil, pero no para ella. Especialista en retos y sorteadora experta del fracaso, solo le temblaban las rodillas por tres razones.
ELLOS ANTES
Era extraño que alguien que alguien que estaba deseando ofrecerle el mundo a la primera persona que no se lo pidiese, encontrase a la única persona que quisiese de él todo menos el mundo que le ofrecía.
ÉL la llevó a la cima de su mundo y se lo mostró cauteloso.
ELLA le miró fijamente, casi a los ojos, y dijo:
- De ti quiero cualquier cosa menos esto. No me interesa lo que te rodea.
ÉL sonrió y la miró directamente a los ojos :
- Eres sincera, lo menos que puedo regalarte es conseguir que confíes en mí.
ELLOS AHORA
El movil vibra en el bolso de ELLA. ÉL la llama, como cada día al salir de su envidiable mundo. En una hora la espera en la cafetería de siempre, donde las camareras saben que ELLA quiere café con leche y ÉL café solo si es tarde o té helado si es pronto.
ELLA llega, le ve en la barra. ÉL sonríe, la espera. ELLA se disculpa por llegar tarde, aunque ÉL la abraza con un "bellina come stai?" antes de que ELLA termine de hablar. Se sientan y ÉL atiende escrupulosamente a cada una de las palabras que ELLA le suelta cuando la pregunta por cómo le ha ido el día. ELLA le pregunta, ÉL responde aunque odia hablar de su envidiable mundo.
Al hablar, entrelazan idiomas y las manos, ya no tan frías de un tiempo a esta parte.
Llegan los cafés, ÉL habla del futuro, del cercano y el lejano. ELLA simplemente disfruta del presente.
Terminado el café, se van a casa en uno de los coches con los que ÉL recorre su vida. Hoy ha escogido el más pequeño, el más caro y el más bonito. El favorito de ELLA. Arranca y conduce camino de casa. La dejará unos metros antes de la puerta, como si temiese invadir el mundo de ELLA con el suyo.
ELLA se baja con un beso, aunque le habría dado muchos más. A veces piensa que podría permitirse la temeridad de darle más de lo que le da. Pero entonces, ÉL dejaría de ser uno más y eso sería demasiado peligroso para una persona que ya de por sí no lo es, por mucho que ella desee que lo sea...
ÉL acelera, retumba la calle y emprende el camino a su casa todo lo rápido que puede. No escapa de ELLA, escapa para llegar a su casa y cerciorarse de que sigue sin esperarle nadie. Abre la puerta y todo está tan en orden como en silencio. Aparentemente su vida no ha cambiado, se dice. En el fondo ÉL sabe que sí. Está descubriendo el fondo de ELLA. Y, por mucho que se lo niegue, ELLA está dejando de ser una más...