Esta vez tendrás que ser tú quien incline la balanza en la que siempre jugamos a hacer equilibrismo, siempre entre el comienzo de algo o el final de nada. Porque por una vez, no me importa tanto el resultado, sino cómo hemos jugado. No importa si al final el beneficiado eres tú y yo la damnificada, porque he sufrido tan poco en la vida gracias a mi cobardía que me veo con fuerzas como para que, cuando acabes esto, acabes también conmigo.
Y lo digo ahora, en el momento justo en el que siempre decido huir abandonando a aquel insensato que decidió compartir conmigo un pedacito de su vida. Tú eres un insensato más, pero quizá estés haciendo méritos que nunca esperaría de ti y que estén convenciéndome lo suficiente como para permitirme esperar pacientemente para ver quién de los dos huye primero. Porque huiremos por separado, a pesar de que hace una hora en el teléfono retumbaran cábalas para perdernos por Europa el año que viene...
No hay comentarios:
Publicar un comentario