Treinta minutos.
Media hora,eso dice una de las últimas canciones que suelen sonar últimamente antes de dormir.
En treinta minutos me has convencido de que puedo mirarte a los ojos y,sin que digas nada,saberlo todo. Sonríes cuando no tienes la palabra exacta y no te das cuenta de que esa es la mejor de las respuestas. Eres aire fresco, eres lo que buscaba lejos. Y también eres breve, como todo lo bueno. Da igual el sufrimiento que venga después, yo cada domingo entierro las penas de la semana anterior y cada lunes abro las ventanas para que entre el sol o el agua de lluvia, según convenga.Ya es algo automático.
Confiesa que no podrás hacer nada dentro de poco y yo te confesaré que me parece bonito que acompasar nuestros ritmos vaya a ser nuestro secreto. Que tu media hora y la mía es todo el tiempo que necesito para sonreír.
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