Qué bien suena tu voz por teléfono, llamando desde cualquier parte del mundo. Qué bonito despertar con un email de buenos días, por no hablar del placer que es saber que estás exáctamente a cinco minutos para ti, diez para mí, por la logística...
Cuánto presumo ante mí misma de contar contigo tan cerca, tan dentro de mi vida. Cómo me encanta planear cómo sorprenderte la próxima vez o imaginar cómo me sorprenderás tú. Y después de despedirnos, me gusta recordar detalle por detalle, gesto por gesto, palabra por palabra de todo lo dicho, hecho y disfrutado esa tarde.
La conclusión es que es tan maravilloso como extraño que pase todo eso, y tan extraño como peligroso. Aunque tan peligroso como tentador. Y lo curioso es que a ti te da más miedo que a mí, a ti, que no tendrías nada que perder si esto explota. Tú, que te quedarías con el recuerdo de todo esto más con todo quello que tenías antes de que llegara yo...
Y en una llamada a la 1:07 a.m. me demostraste tu confianza de la mejor manera posible: me enseñaste que no eres perfecto.
Esto también debería añadirlo a las cosas que me gustan de ti y por las cuales voy a jugarme el pellejo.
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