martes, 5 de octubre de 2010

Me crearán adicción tus constantes puntos suspensivos...

Empiezo a preocuparme por mi seguridad. Por la muralla que me rodea y me protege de todos y todo, menos de ti. Empieza a preocuparme la facilidad con que todos mis recursos quedan al aire si te miro a los ojos, o si son ellos los que me miran.

Empiezo seriamente a preocuparme que, habiéndome jugado la vida en las distancias cortas contigo tres veces en menos de una semana, ya sienta que esto va a acabar conmigo. Esto. Precisamente lo último que podríamos permitinos es esto. Tú y tu vida tres escalones por encima de la vida de cualquiera. Yo y mi vida a ras de normalidad.

Me daré un margen. Se acabaron los lujos que sé que no puedo permitirme. Y tus altas velocidades y tus manos frías, como las mías. El problema es que siempre que pienso en tus manos, pienso que no somos tan distintos, que tus brazos sí son cálidos y que encajo a la perfección en ellos... y vuelvo a plantearme si, quizá no debería darme un margen sino, simplemente, vivir y tirar de la goma un poco más...hasta que se rompa...hasta que esto sea una equivocación absoluta en la que ambos seamos damnificados.


He de reconocer que me gustaría que te quedases. Y que nos equivocáramos juntos después...

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